TEXTO DE EUNICE LIMÓN EN RELACIÓN A LA ACCIÓN "CAMINANDO EL VOCHO"
Agosto del 2007

 

Seré breve, seré veloz.
Hay fenómenos que tal y como sucedió en otras épocas, en la que estamos haciendo resulta ser que se les admira y aprecia más que a otros. Ser veloz, figurar entre los otros y para nosotros mismos como ágiles o rápidos es una de muestra de las formas que dicho fenómeno nos cautiva y nos lleva a buscarlo. Buscamos ser veloces en muchas situaciones, no todos lo buscamos, ni tampoco en todas las situaciones pero es casi contundente que destaca sobre la lentitud como algo más valioso, anhelado y sugerente. Ser veloz, ser breve es un fenómeno que en nuestro tiempo admiramos, apreciamos, es de alguna manera un anhelo un anhelo maleable, plástico.


Esto también se comprende como lo siguiente: La velocidad es un fenómeno que se siente individualmente y que para ello es antes que ser un motivo de reflexión, una cuestión que se produce y valora socialmente.

Conducir un auto fue la invención en la que se cristalizó una manera de solventar este afán. Principio entre los principios de la existencia de los carros es que estos nos ayudan a ser veloces, a movernos rápidamente.

Cualquier cosa o actividad por hacer que nos parezca deseablemente breve, es o cobra sentido como tal a partir de nuestras inclinaciones, agrados y desagrados, a partir de lo que cultural y constantemente aprendemos, a partir de lo que orienta nuestros sentidos. Desear la velocidad no es sólo una cuestión mental sino también una cuestión biológica, en general es una cuestión que se percibe: percibimos algo, luego preferimos o elegimos algo, en este terreno no hay estándares claros pero sí al menos notables y hasta estimables generalizaciones, por ejemplo, toda percepción es por un filtro cultural al mismo tiempo subjetivo (mental) y objetivo (circunstancial).

No todos preferimos los carros como medios de transporte pero numerosos grupos sí lo hacen así.
No todos preferimos caminar con nuestros carros como equivalente de una acción crítica ante la complicada situación vehicular en Tulancingo; pero numerosos grupos coincidirán que hacer este gesto con una representación del carro hecha con papel, atestiguando esto y recapacitando sobre cómo utilizan sus carros así serán una manera análoga de criticar la situación ambiental en esta ciudad.

La técnica es para algunos, el conjunto de invenciones que por origen hasta el momento actual son productos del esfuerzo que hacen los grupos humanos en cualquier época. Las hay de todos los tipos pues son un conjunto de soportes en los que encontramos la manera de resolver y actuar favorablemente para que una situación no vulnere demasiado nuestra orientación, aquella a la que nos dirigimos en muchas ocasiones, esto es a estar bien, a mantenernos en ese estado de bienestar en el mundo.

Buscar el bien estar entre algunas voces resuena como sinónimo a tratar de encontrar la manera de ser feliz y para otros como una cuestión elemental e históricamente creada continuamente, vitalmente.

Para nosotros, para estas voces no es fácil sostener que prevalecen y prevalecerán aspectos esenciales. Ni la búsqueda de la velocidad, ni el tratar de estar bien, ni considerar que la meta es la felicidad son para nosotros realidad inmutable sino realidades en proceso incesante, realidad social en la que cobran sentido como aspectos importantes, nada más hasta este momento.
Nuestro anhelo por ser veloces, ser rápidos es parte de esta circunstancia contemporánea y con evidencias claras y notificables, también de épocas que anteceden este estado circunstancial que nos engloba. Nada nuevo decimos si este deseo es esencial o no, en cambio sí nos trastoca reconocer que eso es en parte resultado o producto de una condición social y también una preferencia individual.

Las invenciones técnicas son producciones en las que encontramos los implementos que nos parece pueden reducir nuestro problema o nuestra necesidad que se nos llega a presentar tan vigente, que simplemente la vivimos así y que casi siempre queremos eludir como una urgencia apoyándonos en los soportes de estas invenciones colectivas que son legado y perspectiva maleables.

Las necesidades sociales son multiformes y la historia al ser estudiada sin buscar en ella únicamente cuestiones constantes, arquetípicas y definidas; se torna susceptible como un buen ejemplo de cuan moldeable y regenerable es el ámbito diversificado de las necesidades y de la técnica.

Algunos cuentan que hace no mucho tiempo los carros eran un objeto de mucho valor aun para aquellos que no los podrían casi determinantemente adquirir. Cuando nos contaron esto nos decíamos mutuamente que la descripción no nos parecía como algo distante, nos decíamos a solas y dialogando, que todavía hoy en muchísimas partes, es decir, a mucha, mucha gente les parece indispensable, necesario el tener un carro en el patio de su casa por si se presenta la ocasión en que dicha máquina se vuelva un medio de transporte; agregábamos que nos parecía que en gran número de ocasiones esto era así porque según así se reducía el tiempo de traslado, o que de alguna manera, todos dijimos –lo confirmamos en coro- según servibles para ser más veloces cuando habría que desplazarnos.

Los carros no a todos nos parecen connaturales, inherentes, prendas u objetos indispensables y de primera necesidad. No toda la gente anhela tener carros y aun mucha más no podrá adquirirlo mientras el requisito principal sea asegurar, garantizar el acceso al poder gastar determinada cantidad de dinero para pagar por él.

En Tulancingo como en muchas otras ciudades provinciales - que no es lo mismo que provincianas- muchas personas privadamente y otras públicamente nos encontramos en desacuerdo con los límites y el contenido de lo que se estima como comodidad y medios idóneos y estandarizados para facilitar nuestras experiencias de traslado en este espacio. No solamente el carro es sustituible sino todo el esquema que conlleva suponer que las decisiones para reconstruir el espacio de la ciudad están al alcance de sólo un cierto tipo de grupos como lo son los políticos, los inversionistas, los grandes comerciantes, y en general todos aquellos nichos en donde se concentra- legalmente e ilegalmente- el poder en sus formas materiales y simbólicas.

Lo que estamos haciendo es mostrar que para mucha gente el carro nos resulta un objeto que no facilita satisfacer nuestro poliforme afán por ser veloces. Entre esta gente nos hemos reunido algunos para decir y mostrar que el conducir un auto con un motor en combustión en Tulancingo resulta igual de rápido que el ejercer una caminata cuando se cuenta con la condición para hacerlo y no se diga ya de desplazarse usando como medio la bicicleta.

Usar la bicicleta es a ciertos horarios más veloz que los carros sobrecalentados y parados en inmensas colas. Sólo para verificarlo faltaría medir con algún cronómetro las diferencias para escandalizar con pruebas a los escépticos ante esta declaración: los autos caminados como lo puede ser un vocho de papel o una carrocería sin motor, avanzan a la misma velocidad que lo hacen aquellos que son conducidos a medio día, a media tarde y todavía no pero quien sabe sí después a media noche por las calles de Tulancingo.

La caminata dentro del carro es producto técnico, reinvención creativa del antecesor: el carro motorizado, el automóvil, el que funciona mediante la máquina que desgasta energía para combustionar y tener la cualidad de ser un medio de traslado. La caminata dentro del vocho es una manera de señalar críticamente que la predominancia de las máquinas que si bien nos trasladan no lo hacen más veloz que caminar este vocho de papel y que indudablemente nos contaminan sobradamente.

Caminar el vocho es algo que hacemos para verificar que en algunos casos como lo es la ciudad de Tulancingo resulta ser de la misma celeridad hacer esto que es un gesto, una representación de, que el manejar el carro en marcha ardiente gracias a la combustión de gases y sustancias que si bien emanan energía que impulsa el auto, a la par segregan sustancias que nos intoxican el ambiente.

Nos congratulamos de informar a los conductores que somos una ciudad con posibilidades abiertas de gran fertilidad para reformar el perfil y el funcionamiento de la ciudad para hacerla como la que más nos parezca viable; como la que más nos convenza como proyecto a realizar; como el futuro de un espacio de convivencias que de nosotros depende desde el momento en que notamos que de nosotros depende en que resulta.

Nada hay en la construcción y vida de la ciudad que no pueda ser transformado con la generalización de una orientación incluyente, ecológica y crítica. La ciudad y sus usos los hacemos hoy y algunos los hacemos convenciéndonos de que serán mejores cada día. Somos nosotros los que hacemos la ciudad y quienes nos atrevemos a señalar esto somos entre otros todos los que compartimos esta crítica urbana al recordar que es igual de veloz caminar el vocho que conducirlo; que es lo igual escribir este texto que leerlo y sentirlo como propio.

Convencerse y empezar a considerar que el aire de la ciudad también lo hacemos a diario, es más fácil que elegir entre el carro como recurso que nos dará en algún momento la anhelada velocidad y rapidez si estamos dispuestos a quedarnos dentro de él, en medio de una fila innumerable de carros por un buen tiempo; la caminata a la velocidad que nos parecerá en cada caso suficiente o; el sacar la bicicleta y tomar las calles sobre dos ruedas al aire libre.
Difícil decisión entre una forma de mantener el aire contaminado en exceso o sacar una nueva versión de cómo hacer el aire en Tulancingo con otras técnicas para desplazarnos velozmente. El vocho caminado, el vocho de tracción peatonal es una invitación crítica a reinventar nuestras técnicas e indudablemente en esto recuperar otras como lo es el acto de usar la bicicleta.

 

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